Palacios hay muchos, pero ninguno como Viana en Córdoba. Porque en Viana, tras las sobrias paredes blancas, apenas salpicadas de espacios abiertos que nos dejan adivinar el interior, se concreta, como en ningún otro edificio de Córdoba y Andalucía, la delicia de los patios, esos espacios hechos de aire en los que la arquitectura se pone al servicio del jardín; donde se rinde un homenaje a las plantas, a las flores, a la luz y el agua.

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