5 noviembre, 2012

Plaza Manuel Garrido Moreno

05/11/2012

Todo el mundo ama su ciudad, pero algunos más que otros. En el caso de Córdoba, tan poco dada a excesos verbales ni de ningún tipo, no es frecuente que sus habitantes se prodiguen en elogios hacia la cuna de Séneca, Averroes, Maimónides, Góngora o el Gran Capitán –esas cinco columnas sobre las que tanto tiene escrito el periodista Julio Merino desde que regresó a su tierra–. No está en la naturaleza del cordobés, en términos generales, elogiar lo suyo; unas veces por timidez, otras por desdén o por soberbia, como si en el piropo le fuera una especie de claudicación que lo rebajara ante los demás. Por eso destaca tanto cuando surge alguien al que, ajeno a complejos o prejuicios, se le llena la boca de Córdoba para pregonar sus más genuinas esencias. Una de esas personas excepcionales, por ese y otros muchos conceptos, fue Manuel Garrido, quien durante décadas estuvo al frente de la Asociación de Amigos de los Patios y los difundió urbi et orbe , cuando nadie hablaba de ellos como un singular aliciente para el turismo ni se hubiese pensado ni remotamente en la posibilidad de verlos convertidos en patrimonio de la humanidad. Si por fin esto ocurre y no se repite la frustración de la capitalidad cultural, Manolo Garrido no podrá ya disfrutarlo, pues se marchó para siempre en febrero del 2010. Pero queda la huella de este hombre entusiasta, luchador y de una simpatía tan contagiosa que siempre parecía estar en estado de gracia, ya fuera en su trabajo de agente publicitario o cualquier otro de los negocios que emprendió como cuando, hasta poco antes de su muerte a los 72 años, se enfundaba la capa de tuno con la ilusión de un estudiante. Desde ayer lleva su nombre una plaza en San Basilio, barrio de patios que siempre llevó en el corazón.

Fuente:  Diario Córdoba. ROSA Luque